Biblioteca Popular José A. Guisasola



Ésta era una escoba que se aburría. Estaba en un rincón del patio, con la paja para arriba. Eso no le gustaba, porque la paja eran sus piernas y también sus manos. Estar en un rincón, patas arriba, y para colmo en un patio tan sucio, ¡qué mortadela de vida!

Las hojas secas, las pelusas, los diarios viejos, los carozos de banana, los pelos de gatiperro, las cáscaras de aceituna y las latas vacías le hacían cosquillas en la punta del palo, que era su cabeza, y ella pensaba (en el suelo) que alguien la debía llevar a barrer alguna vez.

Su abuela le contaba que en sus tiempos, los chicos se entretenían en montar una escoba, jugando al caballito, pero eso nunca le había pasado.

Un día alguien tiró junto a ella un trapo de piso. El trapo se le enredó en la cabeza como una bufanda. O como una media de lana. O como el turbante de Arafat.

-¡Qué asquete! -pensó la escoba.

Y el trapo, que estaba sucio, pero no era zonzo, la oyó.

-Por lo menos te acompaño y te abrigo -le dijo.

-Tengo frío no -dijo ella-, aburrida pero estoy, cuento un contame, dale.


Pero el trapo no entendió, porque la escoba trabucaba las palabras al estar con la cabeza para abajo. Además, no recordaba ningún cuento.

La familia de la casa era buena gente, pero no tenía ganas de ocuparse del patio.

Los chicos prometían baldearlo cada verano y después se iban a los videojuegos.

Un domingo se fueron todos al Zoológico, y entonces entraron dos ladrones. Cargados con el televisor, la licuadora, una lata de galletitas, un par de zapatillas y el reloj de cucú, quisieron escapar por el patio.

Cuando los vio, la escoba se cayó del susto, con tal puntería que un ladrón tropezó con ella y se rompió el coco. El trapo dio un salto y se le enredó al otro ladrón en la cabeza, que asustado empezó a disparar tiros a la bartola.

Al oír el tiroteo, el vigilante de la esquina se despertó y entró corriendo en la casa, después de abrir la puerta de un patadón inútil, porque ya los cacos la habían forzado.

Se agarró el pie golpeado y saltando en una pierna llegó al patio, empuñó la escoba y de un buen escobazo en la mano del asaltante, hizo volar el arma, que cayó patinando hasta chocar con una maceta petisa. ¡Poiiiing!

De la maceta colgaba un helecho grande como una peluca de gigante.

El policía esposó a los ladrones y los llevó presos, a la vista de todos los vecinos, que aplaudieron como en el teatro y revolearon camisetas.

Los presos declararon que habían sido atacados por una escoba asesina y un trapo feroz.

Esto lo supo la familia cuando encontró su televisor y sobre todo su reloj de cucú despanzurrados por ahí, como otras basuras.

Entonces vieron lo sucio que estaba ese pobre patio y a pesar de que ya oscurecía se pusieron a baldear con alma y vida. Los chicos terminaron bailando con la escoba y al trapo lo colgaron, limpito, de un alambre, donde se hamacó hasta hartarse.

La tortuga Manuelita, que estaba durmiendo a pata suelta bajo el helecho, despertó sobresaltada y se desveló para el resto del invierno.

No quiso saber nada más de ese patio ni de esa maceta ni de ese helecho ni de esa escoba ni de ese trapo de piso ni de esos ladrones ni de ese vigilante ni de ese reloj de cucú ni de esos pelos de gatiperro.

¡Mucho menos de los carozos de banana!

Y decidió irse a recorrer el mundo.





FIN

Del libro: Manuelita ¿dónde vas?, de María Elena Walsh. Colección: AlfaWalsh, 2006
Edad: Desde 10 años. (Alfaguara infantil) Ilustrador: Lancman Ink.
“Tanto alboroto se armó en el patio de la casa, que Manuelita se despertó. Y como ya no pudo volver a dormirse, decidió salir a recorrer el mundo. En Manuelita ¿dónde vas? vas a encontrar las insólitas historias que fue juntando la famosísima tortuga a lo largo de su loca travesía por diversos lugares.”

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Contenido del libro:
EL PATIO
EL BARCO
LA ISLA
LA AVENIDA
LA VISITA
EL SABIO
LA MÚSICA
LOS PATA PIEDRAS
EL GAUCHO
EL GLACIAR
EL CONCIERTO
LA SELVA
LOS SOMBREROS
LA INFANTA
LA FUGA
EL BOSQUE
LOS ESQUELETOS
LA BALSA
EL GRAN PANDA
LA OLA
EL REGRESO

Síntesis del libro

Personajes
La tortuga Manuelita, la maestra Marlene, los duendes Nifú Nifá y Mozartín, el gaucho Nicolás García, el tortugo Manolo, el pingüino Patachata, el yacaré y muchos otros que Manuelita va conociendo durante sus viajes.

Lugares
Los cuentos están ambientados en espacios cotidianos (un patio, una casa, un barco, un castillo, un museo, una clínica, etcétera), en lugares reales (Madrid, Mar del Plata, la Patagonia, Irlanda, China, Japón, la India, etcétera) y en espacios imaginarios (el río Lapizul, el bosque de Mischiffin, el castillo de Petipuá, el pago de Poncho Rabón).

Argumento y análisis
El libro está integrado por veintiún cuentos, en los que la tortuga Manuelita recorre el mundo encontrando y reencontrándose con diversos personajes, en lugares variados y lejanos. Así, por ejemplo, se embarca y conoce en una isla al pingüino Patachata, y en Mar del Plata a la maestra Marlene y al duende Nifú Nifá. Pasa por Pehuajó, donde se encuentra con su ex esposo Manolo y con sus hijos. Viaja por la India, por Suiza y en un castillo se detiene a escuchar un concierto. Pasa malos ratos a orillas del río Lapizul, en el pago de Poncho Rabón y en el glaciar Perito Moreno. También, visita Madrid y vive una extraña aventura con la infanta del cuadro Las Meninas.
Conoce al monstruo de Lago Ness. Va hasta Pekín, donde vive con el Gran Panda Yu Yi To una aventura, que incluye un secuestro y un rescate...
A través de los viajes, la autora va envolviendo a Manuelita en escenas en las que se entretejen la imaginación, el humor y el absurdo. También utiliza recursos que la identifican y que son característicos de toda su obra, como la hipérbole, la metáfora, la comparación y la apelación al lector.
Además propone juegos intertextuales y despliega numerosas referencias eruditas, que provocan alianzas con el lector de más edad.
Es de destacar el uso de la ironía y de la crítica social que manifiesta en las alusiones permanentes a actitudes antisociales que presenciamos diariamente. Son ejemplos de ello la escena en la que el grupo de chicos de jardín intenta cruzar una avenida y no puede por los autos y las motos que pasan “como rayos” y los personajes llamados “patapiedras”, que “se entrenan en patear piedras por todas las calles, campos, patios de escuela y plazas que encuentran”.

© Ediciones Santillana S. A. www.alfaguarainfantil.com.ar
Visto y leído en:
35 cuentos para primaria (Scribd)
María Elena Walsh - Libros EDAIC Varela
(Equipo Distrital de Alfabetización Inicial y Continua)(Scribd
"Argentina crece leyendo"
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